Acompañando el crecimiento: sobre nuestro logo

Las figuras en verde y amarillo simbolizan a aquellos que asumen el papel de educador, ya sean profesores, padres, madres o directivos, y a quienes desempeñan el rol de educando, como alumnos, hijos o compañeros de trabajo. Ambos crecen, ambos viajan en el avión, porque la educación es un acto cooperativo en el que educador y educando se necesitan. Entendemos que educar es ofrecer una relación que ayuda a crecer transformando el mundo, y así, también nosotros nos transformamos. Esta misma relación entre educador y educando aporta un sentido de vida. A la relación de ayuda que nos ayuda la llamamos acompañamiento.

El avión simboliza el currículo, y está representado con el típico avión que un niño construye con una hoja de papel en clase. ¿Qué es exactamente el currículo? El currículo abarca todo aquello que debemos atender en nuestra vida por estar donde estamos. En la escuela, las materias a estudiar; en el hogar, la relación con cada familiar; en el trabajo, las tareas a realizar… Así, surge el triángulo educativo: educador, educando y currículo. Destacamos que el currículo no se elige, sino que la vida misma nos lo presenta, pues engloba nuestras alegrías y nuestras penas. Y también es currículo lo que nos toca trabajar en cada lugar: en casa, en el colegio o la universidad, en el trabajo, en el descanso… siempre hay algo que hacer y hay alguien a quien acoger. Por tanto, vivir el triángulo educativo es usar el currículo para que las personas se encuentren.

La figura gris representa a alguien que aún no conocemos o quizás no existe en este momento. Es “el ausente”, que se convierte en una presencia muy significativa en la educación. Puede ser el futuro cliente, la futura familia, los futuros compañeros… Y es que ningún crecimiento es independiente o cerrado en sí mismo; siempre es un proceso creativo, para otro, expansivo. La vida genera vida. Por ello, esa figura gris es decisiva en nuestra forma de actuar, ya que fomenta un sentido de comunidad abierta, recordando que el otro siempre existe y nos espera.

Los colores quieren infundir alegría en la imagen y, por extensión, en el proceso educativo. ¿Qué mayor alegría que ayudar a crecer? Cada color hace presente las diversas tendencias humanas, recordando el semáforo: rojas, aquellas que ahora se asocian con problemas; amarillas, las que en función del contexto ayudan o no a la relación; y verdes, las que ahora son de ayuda para la relación. Todas tienen su lugar en la vida y ayudan en el crecimiento. En todas ellas, por problemáticas o caóticas que parezcan, no buscamos reprimir nada, sino encontrar rastros de humanidad y potenciar lo mejor de cada persona. 

El ambiente educativo es de alerta relajada. Con esta expresión nos referimos a que el currículo, lo que necesitamos atender en la familia, el colegio o el trabajo, tensiona, pues no da igual cómo se lleve a cabo, y por eso lo pintamos en rojo. Pero es el educador, en color verde, quien ofrece una relación personal relajada, esperanzada, mirando al futuro, que contempla al educando como quien podría llegar a ser si recibe del educador algo bueno para su crecimiento, y eso le permite afrontar las tensiones. Además, el educando se ha pintado en amarillo, simbolizando que puede ser como quiera, pues no se le pide nada en concreto para ser aceptado y ayudado.

¿Te subes a bordo de un proyecto educativo que nos permita crecer y transformar el mundo?

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