Objetivos y normas en el aula: ¿por dónde empezar?
¿Por qué empezar el curso hablando solo de normas… si podemos empezar hablando de objetivos?
Es habitual que, al comenzar las clases, dediquemos tiempo a repasar las normas o poner nuevas: no gritar, respetar el turno de palabra, mantener el orden, no usar el teléfono móvil… Y sí, pueden ayudar. Pero si no están conectadas con un buen objetivo, pierden su sentido.
📌 Por ejemplo: “no gritar” sin el objetivo de “escucharnos de verdad” puede acabar siendo un “cállate y no molestes”. La norma se vuelve un freno, en lugar de una ayuda.
Las normas regulan comportamientos. Los objetivos nos conectan con lo que deseamos y necesitamos: aprender, convivir, escucharnos, cuidarnos. Por eso, empezar el curso hablando de objetivos compartidos puede dar sentido a las normas y hacerlas más útiles para todos.
Y lo mejor: esto sirve tanto para el alumnado como para el profesorado, y también para las familias. Porque cuando todos sabemos hacia dónde vamos, es más fácil caminar juntos.
Una propuesta para vivir en el aula
Imagina el primer día de clase. El profesor explica al grupo tres ideas sencillas:
- Las normas necesitan estar al servicio de un objetivo.
- Los objetivos se parecen más a deseos amplios y generales; las normas, en cambio, son comportamientos concretos.
- Tanto los objetivos como las normas deben poder aplicarse a todos: alumnado, profesorado y familias.
Después, se abre un diálogo con la pregunta:
—¿Qué queremos vivir juntos en clase este curso?
Vamos anotando en un lugar visible las ideas que vayan surgiendo:
👉 “Queremos escucharnos”.
👉 “Queremos ayudarnos cuando algo sea difícil”.
Estos son nuestros “síes”. Si alguien expresa un “no” (por ejemplo: “no pelear”), lo reformulamos como un “sí”: “queremos tratarnos con respeto”.
Si la edad del grupo lo permite, la reflexión puede dividirse en tres partes:
- ¿En qué me gustaría crecer yo este curso?
- ¿Qué me gustaría mejorar en mis relaciones con los demás?
- ¿En qué podríamos crecer como grupo a la hora de trabajar juntos?
De ahí pasamos a las normas. Ya no como prohibiciones, sino como maneras de cuidar lo que queremos vivir.
Por ejemplo:
🟢 Objetivo: “Queremos escucharnos”
➡️ Normas posibles: “Dejar que el otro acabe de decir lo que ha empezado”, “Respetar los turnos”, “Mirar a quien habla”.
🟢 Objetivo: “Queremos ayudarnos”
➡️ Normas posibles: “Preguntar antes de actuar”, “Ofrecer ayuda cuando veo a alguien con dificultad”.
Las normas dejan de ser un listado impuesto y se convierten en un compromiso compartido que protege lo que de verdad queremos.
Revisar y crecer juntos
Las normas no son simplemente prohibiciones: son formas concretas de cuidar nuestros “síes”. No se trata solo de comportamientos externos como “levantar la mano” o “llegar a tiempo”, sino de actitudes interiores y de relaciones personales que construyen confianza.
Para revisar lo trabajado, podemos preguntarnos como grupo:
✅ ¿Los objetivos y las normas sirven tanto para alumnos como para profesores?
✅ ¿Nos ayudan tanto en los momentos tranquilos como en los de conflicto?
✅ ¿Fomentan la ayuda, el cuidado mutuo y la confianza entre todos?
Si la respuesta es sí, se mantienen. Si no, se ajustan.
Y si quieres dar un paso más…
Este modo de comenzar el curso no se queda en una actividad puntual. Es un camino de crecimiento que se puede seguir trabajando durante todo el año.
En Acompañando el Crecimiento ofrecemos materiales que acompañan este proceso. Nuestras colecciones de libros para la tutoría ayudan a concretar estas dinámicas en actividades pensadas para distintas edades, con recursos que implican a docentes, alumnos y familias.
Porque crecer no es solo cumplir normas: es descubrir juntos lo que queremos vivir, cuidarlo día a día… y disfrutar del camino.
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